jueves, 31 de marzo de 2016

LOS DÓLMENES DE AZUAGA Y LA CARDENCHOSA


        

         En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, edición noviembre-diciembre de 1913 (nº 11 y 12), aparece un artículo sobre  la “Arquitectura Dolménica Íbera”, que se centra en los dólmenes de la provincia de Badajoz, entre ellos los de Azuaga y la Cardenchosa. Textualmente dice:
En término de la Cardenchosa de Azuaga, aldea situada en el confín Sureste de la provincia de Badajoz con la de Córdoba, buscaba yo con afán el grupo de dólmenes existentes, según el Sr. Machado, «en la divisoria de Andalucía y Extremadura», cuando el ilustrado Sr. Cura párroco de la Cardenchosa, D. Juan Guerrero Rangel, me puso en la pista de los ejemplares, que con él, con D. Juan Maesso y otras personas de la Granja de Torrehermosa, en quienes se despertó el deseo de conocerlos, visité últimamente, encontrándolos destruidos. Son los siguientes:
- Dolmen del Conde Galeote. Se halla a 160 metros al norte de la Cardenchosa. Está destruido y no conserva más que cinco piedras: cuatro erguidas, una a un lado y tres, una de ellas rota, alineadas al otro, que es paralelo al primero; y la quinta piedra, que es la más larga, se mantiene apoyada por un extremo sobre la de en medio de las tres alineadas, teniendo el otro apoyado en la tierra por falta de la piedra erguida que sirvió de soporte. Fácilmente se comprenderá que todo esto corresponde a la galería del dolmen. La cámara fue destruida en absoluto, no quedando ni aun indicio del extremo de la galería en que estuvo. Esparcidos por el suelo hay muchos cantos del montículo que cubrió al dolmen. La longitud apreciable del dicho trozo de galería es de 3,96 m. y su anchura, de 1,77; la de las piedras de un lado son de 1.30 y 1.25 las dos piedras enteras, y 1.48 la partida. La única piedra del otro lado mide 1.15. Si, como en otros ejemplares, estuvo en éste la cámara al Noroeste, podrá pensarse que una piedra que se ve caída al Sudeste, delante de la entrada de la galería, puede ser la que sirvió para tapar la puerta.
- Dolmen destruido, situado a unos pocos metros al Oeste del anterior. Como en éste, lo que se ve es un resto de galería, con una piedra de dintel, de 2.35 por 1.12 m., todavía apoyada sobre otra de soporte, que mide 1.81 de longitud, 1.43 de anchura y 0.28 de espesor. Otra piedra hay caída de 1.70 m. de longitud y 0.40 de espesor. Las demás están hincadas, pero rotas, por haberse llevado de ellas los mejores pedazos. Cantos del montículo se ven esparcidos. La longitud apreciable de estas ruinas es de nueve metros.
- Dolmen de Manchones. Situado a kilómetro y medio al sudeste de la Cardenchosa. Pocas piedras quedan, y las más rotas; pero se aprecia entre un resto del montículo la disposición del monumento sepulcral, con su cámara poligonal de 2.44 m. de diámetro y su galería de siete de longitud. En la cámara del lado derecho permanecen dos piedras juntas de 0.38 y 0.77 de anchura, respectivamente, y al lado opuesto otra de 0.58. Este dolmen corresponde al tipo cupuliforme, pues sus piedras verticales necesitaron el complemento del aparejo anillado para cerrar la abertura circular.
 

- Dolmen de la dehesa El Toril. Se halla a dos kilómetros al Oeste. Está destruido y sus piedras son aún mayores que las del Galeote.
Muchas piedras de estos dólmenes se ven aprovechadas como elementos de construcción en edificaciones rústicas de la Cardenchosa. El dolmen de El Toril, no es más que un resto de galería cuya longitud apreciable es de 6.75 m. y la anchura 1.50.  La cámara estuvo al Este, y al Oeste la puerta de la galería donde está la piedra que la cubría, cuya longitud es de 2.17 m., y el espesor de 0.37. Cuatro piedras permanecen del lado Norte de la galería de 0.89, 0.90 y 0.38 de anchura, y otra piedra en el lado opuesto.
El autor del texto y, supongo, de las fotografía, fue don José Ramón Mélida. Según Daniel Casado Rigalt (José Ramón Mélida y la Arqueología Española, Madrid, 2006), don José Ramón fue Anticuario de la Real Academia de la Historia, pero que, sin discusión, es una de las mayores figuras de la Arqueología Española de todos los tiempos, a pesar de sus limitaciones y carencias. Como con acierto observa el autor, perteneció a las instituciones de más relevancia social y cultural de su época, como el Museo Arqueológico Nacional, la Universidad Central, la Real Academia de la Historia, el Ateneo de Madrid o la Institución Libre de Enseñanza, además de dirigir durante muchos años las excavaciones de Numancia y Mérida y de ser, sin lugar a dudas, el arqueólogo de su generación más reconocido fuera de España a nivel internacional.
 



 

 

viernes, 26 de febrero de 2016

GRANJA EN 1928

     


      De la prensa de la época hemos recogido algunas crónicas y fotografías relevantes, como las que siguen.
      En primer lugar, en el Correo de Extremeño, en una edición de finales de mayo aparecen noticias sobre la fiesta de la Cruz Roja, celebrada con una representación teatral destinada para recoger fondos. Le acompañan dos fotografías de la época: la primera nos muestra el hotel; en la segunda aparecen un grupo de exploradores locales, es decir, los boys scouts actuales.
 
 
 
 
      La siguiente crónica, ésta aparecida en la edición del 10 de septiembre del Correo de la Mañana, da cuenta del interesante y variado programa de feria:
 
 
 
      La tercera forma parte de la propaganda oficial de la dictadura de Primo de Rivera, en horas bajas ya por aquellas fechas. Corresponde a una edición especial del Correo Extremeño correspondiente al 13 de septiembre, conmemorando el golpe de estado del general Primo de Rivera, que tuvo lugar el 13 de septiembre de 1923:
 
 
 
 
 
      La última (Correo Extremeño del 2 de noviembre) corresponde a la reinauguración del hotel Grueso, mostrando en dos instantáneas parte de sus nuevas instalaciones:
 
 
 
 
 
 

domingo, 14 de febrero de 2016

AZUAGA EN 1913


 
En el periódico El Liberal[1], en su edición de 28 de agosto de 1913 y en la sección Vida en Provincias, un desconocido cronista (firmó su crónica, pero resulta ilegible) nos dejó una impronta sobre Azuaga que, para asimilarla, es preciso contextualizarla, es decir, conocer y asumir la realidad social y económica de nuestra villa en aquellas fechas, y en las que precedieron.

 Simpatiza el cronista con el liberalismo republicano y progresista defendido en el programa del Partido Reformista (PR) que encabezaba Melquiades Álvarez, desacreditando el caciquismo que, en opinión de los representantes regionales (los granjeños Gallardo Calzadilla y Llera Eraso), había campado por sus anchas en Azuaga durante los últimos treinta años. Pues bien, la crónica a la que nos referimos decía así:

“Si el cronista tuviese necesidad de describir en todos sus detalles los encantos que atesora esta población, necesitaría mucho espacio, y aun así seguramente se escaparían a su perspicacia algunos datos de los que convencen en el ánimo del lector.

Es Azuaga una notable ciudad modernizada por completo, con magníficos edificios, calles amplias, rectas y provistas de esmerada urbanización en su pavimento. Pero, si superior es la población y sugestivo el carácter alegre, festero y cariñoso de sus habitantes, resulta pálido ante la belleza inexplicable del elemento femenino, cuyas facciones verdaderamente árabes, su esbeltez sólo comparable a la palmera y sus ojos rasgados y negros como la noche, constituyen un plantel delicadísimo de lozanas flores, que con su aroma y su arrogancia cautivan al visitante.

Identificado por completo con los encantos de las mujeres se halla ese ambiente balsámico de aires de libertad que se respira en las calles, que en elegantes y visibles rótulos ostentan los nombres de Joaquín Costa, López de Ayala, Pi y Margall, Concepción Arenal, Canalejas, Echegaray, Blasco Ibáñez, Ramón y Cajal, Castelar, Daoiz y Velarde, etc., etc., que por acuerdo del actual Ayuntamiento han venido a sustituir a nombres anodinos y de absoluta carencia de significación, por los de personajes ilustres que se han destacado notoriamente en las artes, las armas, las ciencias, la política, etc., etc. Esta transformación ha sido recibida con general aplauso por la opinión liberal y democrática, que es el nervio de la población, frente a las inútiles apreciaciones de la insignificante tertulia del derrotado y anulado caciquismo, muerto para siempre.

Y ya que del caciquismo hablo, justo será rendir un tributo de admiración a una distinguida pléyade de jóvenes entusiastas, que gracias a sus esfuerzos y a la enérgica dirección del ilustrado abogado y jefe del partido liberal democrático, don Manuel Carrascal, lograron aniquilar por completo ese odioso germen malsano que durante veinte o treinta años vino imperando y condujo al Ayuntamiento a una desastrosa situación económica, hasta el punto de llegarse a adeudar a la Hacienda en fines del ejercicio de 1911 la enorme suma de 600.000 pesetas, y a la Diputación provincial unos 35.000 duros.

Frente a este padrón de ignominia se eleva arrogante y potente el actual Ayuntamiento honrado y digno que preside el joven propietario D. Juan Carrascal y Montero de Espinosa, y secretario don Manuel Guillen Fernández, persona ilustradísima y de envidiable competencia, encargados de regenerar el Municipio por medio de una administración verdaderamente sana y decorosa”.


“Verdad es que cuando se quiere cumplir con equidad no faltan obstáculos, pero todos se vencen aun cuando se trate de la Administración de Propiedades e Impuestos, encargada por lo visto de crear inconvenientes, resolviendo de una plumada 128 reclamaciones interpuestas por otros tantos contribuyentes, acudiendo a la inmediata mayoría de ellos y mermando por consecuencia los ingresos municipales en unas 30.000 pesetas.

Claro está que semejantes resoluciones no tienen razón de ser, y son tan injustificadas que un solo ejemplo (de los muchos que pueden presentarse) es suficiente para demostrar una parcialidad seguramente sistemática, y que acaso obedezca a algún fin primordial. Entre los expedientes resueltos figura el de una «pobrecita señora» cuyo capital corresponde a la friolera de 20 pares de mulas de labor, a la cual aplicó el Ayuntamiento modestamente la ínfima cuota legal en el reparto de 3.000 pesetas al año, y la citada Administración, sin comprobación de ninguna clase y nada más que por que sí o «por lo que sea» la ha rebajado a la vergonzosa cuota dé i800 pesetas!

Me parece que mayor equidad y justicia no cabe, y ante semejantes anomalías se ha visto precisado el Municipio a interponer el correspondiente recurso de alzada ante la Delegación de Hacienda de Badajoz, que por cierto (y esto tiene mucha gracia) hace cuatro meses que está regida interinamente. ¡Así anda el negocio en España!

Aparte de esta inocente presión, se da el caso laudable (y tome nota de ello la Delegación) de que el Ayuntamiento de Azuaga ha saldado en el presente año todas sus atenciones por Consumos y contingente provincial, no adeudando por consecuencia un solo céntimo de todas sus obligaciones ¿ Estamos?

Pues aún hay más, y es que el Ayuntamiento actual se propone demostrar al jefe caciquil derrotado él cómo se emplean los cuartos en lugar de adquirir deudas, y a este efecto se propone la construcción de un matadero y un cementerio, cuyos planos y estudios están ya hechos, consignándose a este fin un presupuestos de 65.281,71 pesetas y 46.698, respectivamente.

A estas notables mejoras seguirá la construcción de una plaza de abastos (hoy en estudio), así como la traída de aguas, a cuyo efecto hay entabladas gestiones con una respetable empresa particular. Debido a la perseverancia del alcalde, Sr. Carrascal, se ha logrado también llevar a la práctica las disposiciones dictadas por el Gobierno referentes a la protección de la infancia y extinción de la mendicidad, con tan buen éxito que no se ve un solo pobre por las calles, toda vez que existe a cargo de las Hermanas de los Pobres cocinas y comedores, donde se les proporciona alimentación sana y abundante. Este servicio se sostiene por subvención de 500 pesetas del Municipio y suscripción voluntaria entre el vecindario.

Y como toda Extremadura está muy mal de carreteras, Azuaga no había de ser menos, pues tan sólo cuenta con la que une la estación con la ciudad, que por cierto es del Ayuntamiento, para que no tenga que agradecer nada.

Parece ser que en Febrero se elevó por el Municipio una exposición al ministro de Fomento solicitando la inclusión en el plan de 7.000 kilómetros, la de tercer orden de Llerena a una de las Estaciones de Belmez á Peñarroya, pasando por Ahillones, Berlanga, Azuaga y Granja de Torrehermosa, por la conveniencia de poder dar salida a los grandes productos agrícolas de tan riquísima comarca. Que la concesión es de verdadera necesidad y utilidad no cabe duda, y aunque desdé luego el ministro ha de resolver en justicia, no estaría de más que el diputado del distrito se interesase siquiera un poquito de asunto tan culminante.

Con Ayuntamientos activos y decididos como el de Azuaga, periódicos como La Verdad[2], que se publica en la localidad y dirige D. Ramón Cuenca[3] con valentía y juez como D. Antonio Robledo, abogado distinguido y enérgico, se va a todas partes, se tiene en constante misa de entierro al caciquismo y sé camina rápidamente al progreso”.

 

Presentada la villa, se centra ahora el cronista en elogiar la persona de don Fernando Llera Eraso, un empresario y terrateniente de origen cordobés asentado entre Azuaga y la Granja, en cuyos términos poseía una finca de más de 4.000 hectáreas.


“Entre las diversas personas que hemos tenido el gusto de saludar en Azuaga se encuentra D. Femando Llera Eraso,  cuyo sincero carácter y agradable trato muy pronto le hizo acreedor a nuestra simpatía. La complejidad de este hombre en sus notas características de jurisconsulto, agricultor, sociólogo, publicista y político, exigen al cronista se ocupe, aunque en términos reducidos, de esos diversos matices que pronto le dan a conocer a sus interlocutores.

Como agricultor, el Sr. Llera ha sido el porta-estandarte del progreso agrícola, no sólo de la región extremeña, sino de la andaluza, donde fue el primero que aplicó en los secanos los abonos químicos y la maquinaria agrícola moderna, y como prueba de esto podemos decir que su hermosa finca de 4.000 hectáreas, titulada «Las Naveruelas», en término dé Azuaga y de la Granja de Torrehermosa, que la adquirió en estado de matorral, la ha roturado y puesto en cultivo por medio de un tren de arar al vapor, compuesto de una maquina tractora de 80 caballos y un enorme arado cuatrisurco de 4.000 kilos que rotura y descuaja, a cincuenta centímetros de profundidad, una zona de dos metros de ancha y una superficie al día de tres hectáreas.

Ha plantado doscientas fanegas de viña americana en dicha finca, donde cosecha los vinos más exquisitos de la región y unos sesenta mil eucaliptus.

Con motivo de estas mejoras introducidas en su finca (donde ha gastado algunos millones de reales) se lamenta con fundamento el Sr. Llera de que no haya en España alguna ley que le exima del inmediato aumento de la contribución territorial para incoar un expediente de exención por los terrenos roturados, ya que esto significa una mejora tan importante para el aumento de la riqueza tributaria, como la plantación de vides y árboles que disfrutan de esas leyes protectoras.

Como agricultor, además, se ha distinguido el Sr Llera, siendo congresista en los de Huelva, Granada y Jaén, donde desarrolló con gran lucidez los temas Los cereales y las leguminosas, El latifundio y la crisis agraria y El problema de la sequía, mereciendo por estos trabajos justos aplausos de la Prensa y calurosas felicitaciones del Sindicato Agrícola de Requena y de otras Cámaras profesionales.

 

 
Su libro El latifundio ha sido citado como autoridad en la materia por el señor Azcárate en uno de sus discursos pronunciados en León, y se halla también citado en una nota del libro de Economía política, de Torrents y Monner, declarado de texto de real orden.


Además de estos trabajos, como publicista y sociólogo es autor de otro libro titulado El agravio del Catastro, donde pone de relieve los defectos de la legislación catastral y los abusos cometidos por los funcionarios del ramo en las provincias de Córdoba y Jaén, donde todavía hay propietarios que, por haberse dejado pasar el plazo para reclamar contra la evaluación de la riqueza imponible de sus fincas, están pagando de cuota territorial el 40 y el 50 por 100 del total de las mismas. Este libro del Sr. Llera, del que repartió gratuitamente 1.000 ejemplares a la puerta del Congreso Internacional de Agricultores celebrado en Madrid en Mayo da 1910, produjo gran sensación en dicha Asamblea, y fue aplaudida por muchas Revistas profesionales, y en particular por El Consultor de los Ayuntamientos y Juzgados Municipales, en su número del 13 de Junio de aquel año. Como escritor agrícola, la firma del señor Llera es una de la más autorizadas de España en materia de agronomía, como lo ha demostrado en sus grandes campañas de El Progreso Agrícola y Pecuario, libertando al cultivo de secano de las utopías del sistema Solari, enseñando a los grandes agricultores las ventajas e inconvenientes del método de arar al vapor, según la clase de terrenos a que se aplique.

Y, últimamente, como político se propone regenerar el distrito de Llerena de la atónica oligarquía que viene padeciendo hace veinte años, entregado por completo a la voluntad de dos hombres (conservador y liberal) en estrecha inteligencia, sin que hayan conseguido en todo ese tiempo ninguna mejora material ni de satisfacción moral de sus habitantes, puesto que sólo se han cuidado de que, tanto en situación conservadora como liberal, fuese uno u otro el diputado elegido, y de que manden siempre en los pueblos sus paniaguados, que vienen monopolizando el poder en perjuicio de la libertad y de la moral pública.


El Sr. Llera, filiado al reformismo, del que es jefe en dicho distrito, pretende, con el aplauso general de los espíritus progresivos, de los intelectuales y de la masa neutra del mismo, romper ese contubernio, reivindicando para el pueblo la soberanía detentada por los caciques. Con las excepcionales condiciones del Sr. Llera, y lo necesitada que está la región de hombres de la intelectualidad, energías y nobleza como el que nos ocupa, es seguro predecir su triunfo, aunque las huestes caciquiles se aprestasen inútilmente a combatirlo”.

 
        Por último, tampoco ahorra elogios el cronista resaltando el buen hacer de algunos de los industriales locales:

“Dos negocios importantes abarca la razón social Plácido Alejandre y Hermano, una de las primeras firmas de la plaza, cuyas actividades dedican a la banca, en la que, además de las operaciones consiguientes de giros, descuentos, negociaciones, cartas de crédito, depósitos, etc., son corresponsales de los principales Bancos y banqueros de toda la Península y parte del extranjero.

El otro negocio se refiere a su magnífica fábrica de harinas, primera, acaso, en España que reúna las excepcionales condiciones para el aseo como la de que nos ocupamos; y digo esto porque es lo corriente en todas ellas que él pavimento de las dependencias sea de madera, en ésta, por el contrario, y en sus diferentes pisos, es enlosado, con baldosines de portland, tan perfectamente cuidados que el brillo que se observa acusa una limpieza y un esmero incomparable.

Recorriendo las diferentes dependencias nos llamó también la atención la esbeltez y amplitud de todas las secciones, la organización establecida en las dependencias y el uniforme funcionamiento de los aparatos, en los que todas las transmisiones están perfectamente protegidas al efecto de evitar accidentes al personal.

El sistema empleado es el de cilindros, de la casa Bhuler Hermanos, de cuyo magnífico salón damos idea con la fotografía que ilustra estas columnas, los que movidos por potente motor a gas pobre desarrollan una producción diaria de 18.000 kilos en harinas selectas y muy estimadas en toda la Península, y muy preferentemente en Madrid, Sevilla, Barcelona y Cádiz, a cuyas plazas se aportan sin interrupción.

Tratándose de una instalación tan completa es de suponer que cuente con los aparatos secundarios, como tolvas, cedazos, limpia, etc., etc., que son indispensables, y que se hallan instalados con verdadero lujo e independencia en locales amplios y perfectamente dispuestos para el funcionamiento y comunicación directa con los cilindros.

Al frente de la misma, y en concepto de apoderado y jefe de las oficinas, figura D. Cosme García, persona inteligentísima y de excepcionales aptitudes, y como cajero D. Plácido Duran, ilustrado y competente funcionario, pariente de los propietarios

Una ramificación de las harinas es la fabricación de pan, a cuyo efecto cuentan los Sres. Alejandre y Hermano con una espléndida panificadora, compuesta de ocho hornos, maquinaria de amasadoras, preparadoras, vagonetas de transporte, etc., etc., movidas a gas pobre, en la que se elaboran 8.000 kilos diarios para el abastecimiento de la población a precios reducidos, no obstante su excelente calidad.

El incremento adquirido por esta casa en el negocio de harinas ha sido motivo de tener que montar otra nueva fábrica, idéntica a la anterior, en el pueblo del Pedroso, así como su correspondiente panificadora, al efecto de poder servir a las poblaciones limítrofes. También cuentan con grandes depósitos de harinas y almacenes de cereales en Sevilla, Cazalla y Constantina para él abastecimiento de aquellas regiones.

La Magdalena, se denomina la otra espléndida y  elegante fábrica de harinas, fundada el año de 1900 por don Francisco Alejandre Robledo y hoy propiedad de don Enrique Hernández Muñoz, industrial inteligentísimo y de una actividad pasmosa.

Como la característica de Azuaga es la limpieza, la fábrica del Sr. Hernández brilla también a tal altura, que no tiene por qué envidiar a la primera eh en clase. El funcionamiento de la casa se hace por el sistema mixto de piedras y cilindros de los más perfeccionados, movidos por un motor de 50 caballos, sistema Crosley, acusando una producción mínima de 12.000 kilos diarios. La gran reputación de esta fábrica estriba precisamente en la selecta calidad de sus harinas, como lo justifica la predilección que el público la dispensa, no solamente en esta localidad, sino en todos los limítrofes y en las provincias andaluzas, donde cuenta con fija clientela.

La panificadora que posee el Sr. Hernández es de las que llaman la atención por el lujo de aparatos mecánicos que posee y el esmero de la fabricación, pudiendo asegurarse que es una de las mejores que existen en estos contornos, como lo atestigua la fama de que goza, perfectamente demostrado con el agotamiento de su importante elaboración diaria. Digno de elogio es este fabricante, que a su inteligencia y esfuerzos naturales ha conseguido una sólida reputación”.

 

Hasta aquí la amable crónica del Liberal, periódico cuya línea ideológica se identificaba con  liberalismo republicano y progresista, con clara animadversión hacia el caciquismo. Pero ¿a qué caciques azuagueños se refería? Seguramente  a aquellos que desde el Ayuntamiento manejaron en 1888 el pueblo a su antojo y conveniencia, bloqueando la celebración de los plenos con la clara intención de ocultar ciertas prácticas administrativas ilegales, como la extraordinaria deuda concejil. Sobre este particular, aparte de airados debates en el hemiciclo de las Cortes, precisamente en el diario El Liberal, en su edición del 13 de mayo de 1889, se insertaba la siguiente crónica:

“Hay un pueblo en la provincia de Badajos, Azuaga, donde parece que el caciquismo ha alcanzado, no me atrevo a decir mayor desarrollo que en otras partes, y en el que, aburridos sus vecino de soportar las consecuencias del mismo, constituyen una Sociedad de labradores, cuyo lema es Administración y justician sin color político.   Pues bien, llegó la última elección, dan la batalla a los caciquee y triunfan en toda la línea, sacando los ocho concejales, con los cuales quedaba el Ayuntamiento constituido con ocho partidarios de la Sociedad de labradores y ocho de los caciques; pero éstos, valiéndose de no sé qué recursos, se arreglan de tal manera que no hay sesiones ni alcalde hace cuatro o cinco meses. Azuaga es un pueblo rico, pero cuya riqueza los concejales de la Sociedad de labradores no han logrado saber en qué consiste, pero siendo muy rico, y el señor Balseda podrá dar de esto algunas noticias, está debiendo a la Diputación provincial y a la Hacienda más de 60.000 pesetas, según certificaciones que tengo en mi poder”.


        O tal vez se referían a estos otros que con buenas dietas se presentaron en Madrid, en uno de sus mejores restaurantes, dándose un buen homenaje, según el diario la Época, en su edición del 24 de junio de 1900:

“En honor del director general de Administración local, don Eugenio Silvela, ha dado un almuerzo en el restaurant de Lhardy una comisión del pueblo de  Azuaga, perteneciente al distrito de Llerena, en la provincia de Badajoz, que ha venido a Madrid a gestionar asuntos de interés para aquel pueblo. Forman la Comisión, el alcalde de Azuaga, Sr. Rengifo, y los Sres. D. Pedro López, médico titular de la villa, D. José Hinojosa, D. Francisco de Tena, D. Patrocinio López y D. Félix Rengifo.
 
 
Valdeiglesias

Además de estos señores, asistió al almuerzo el marqués de Valdeiglesias[4]. A los postres concurrió también el distinguido abogado D. Luis Silvela y Casado[5], único individuo de la familia Silvela que en la actualidad ejerce la abogacía.

Silvela
 

Verificándose en Lhardy, es excusado decir que el almuerzo estuvo perfectamente servido.

El pueblo de Azuaga, al cual representa aquella Comisión, es uno de los de más importancia en la provincia de Badajoz, por su floreciente industria minera. Actualmente se explotan en su término algunas minas de plomo. En sus cercanías existen también importantes minas de carbón. Mayores pudieran ser su prosperidad y su importancia si tuviera todos los necesarios medios de comunicación. Cierto es que tiene ferrocarril; pero le faltan carreteras, y esta falta entorpece el desarrollo de la riqueza, como en muchos otros pueblos de España ocurre. Cuando la buena administración haya remediado los males de hoy, y aquella riqueza alcance todo el desarrollo que alcanzar puede, el pueblo de Azuaga será uno de los de más importancia en la provincia y en la región. Pruébese esto hoy mismo con decir que Azuaga tiene más importancia por su riqueza y el número de sus habitantes que el pueblo de Llerena, cabeza del distrito”.




[1] El auge del liberalismo propició en 1879 que periodistas republicanos abandonaran el diario El Imparcial, para fundar El Liberal en Madrid, que sería una referencia republicana durante la Restauración, junto con El Sol.
[2] Uno de los semanarios editados en Azuaga, asunto que abordaremos en otra crónica.
[3] Zapatero de profesión, participó en la constitución de la Asociación Socialista de Azuaga en 1910, representado a Azuaga, Berlanga, Campillo de Llerena y Fuente del Arco en el IX y XI Congreso del PSOE. Fue elegido concejal de este último partido en el ayuntamiento de Azuaga en las elecciones municipales de 1911, incorporándose a su cargo el 1 de enero de 1912. Aparte, ejerció como Regidor Síndico el 14 de enero de 1914 y actuó en calidad de alcalde en funciones en numerosas sesiones desde junio a diciembre de 1917. Concluye su actividad municipal asumiendo el 1 de enero de 1918 la alcaldía-presidencia, ejerciendo como tal hasta el 1 de abril de 1920 en que fue incapacitado por la Comisión Provincial. Además de estas actividades, fue candidato del PSOE por Castuera y Llerena en las elecciones a diputados provinciales de 1919, sin resultar elegido, y vocal por Extremadura en el Comité Nacional del PSOE en 1920.
 
[4] Alfredo Escobar y Ramírez, II Marqués de Valdeiglesias, Senador del Reino, Gentilhombre de cámara con ejercicio del Rey Alfonso XIII, nacido en Madrid el 18 de marzo de 1854 y fallecido en Madrid el 25 de septiembre de 1954.
[5] Fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, de Gobernación y de Marina durante el reinado de Alfonso XIII. Asimismo, fue alcalde de Madrid en dos ocasiones, en 1917 y en 1918. Fundó y dirigió el periódico La Mañana (1909), órgano del Partido Liberal Socialista propuesto en 1908 por José Ortega y Gasset.
 

jueves, 4 de febrero de 2016

LUCHA CONTRA EL CÁNCER


 
 
¡Hola amig@!

En esta ocasión no voy a contarte ninguna historieta, pues tengo algo más importante de lo que hablarte.


Hoy, 4 de febrero, se ha convenido en declararlo como Día mundial contra el Cáncer, y la Asociación Española y, otras organizaciones similares, precisan de tu ayuda.




En primer lugar piden que te cuides, vigiles tu salud, sigas las recomendaciones preventivas aconsejadas por los médicos y evites los factores usuales de riesgo.

También, que animes, alivies y comprendas a los que padecemos la enfermedad y sufrimos los molestos efectos secundarios de los tratamientos.

Por último, que colabores con estas asociaciones en sus distintos requerimientos.

De paso, te cuento que precisamente hoy hace un año que extirparon el lóbulo superior izquierdo de mis pulmones. Gracias a Dios, la Naturaleza, las Ciencias, la Tecnología, los médicos, el personal sanitario, tu ayuda y la de mi familia me encuentro bien, pues de esto se sale.

Gracias 

martes, 26 de enero de 2016

AZUAGA: GUIA ADMINISTRATIVA, COMERCIAL E INDUSTRIAL DE 1882


 
      Del anuario del comercio, la industria, la magistratura y la administración de 1882, tomamos los siguientes datos, en unos momento en los que nuestra villa empezaba a despuntar en el contexto provincial, dado el auge de sus importantes minas y la actividad industrial que generaban:
 
 
 
 

viernes, 15 de enero de 2016

CALLEJERO DE AZUAGA EN 1891


 
El 20 de diciembre último, de buena mañana se levantaron los vecinos de Azuaga para afrontar un nuevo día, en el que concurría la ambigüedad de ser extraordinario y normal. Extraordinario porque habían sido convocados para elegir a sus representantes en las Cortes y en el Senado; y normal porque el proceso transcurrió dentro de los cauces estipulados, sin sobresaltos, como corresponde a una democracia asumida y asentada.

Y todos los vecinos y vecinas pudieron ejercer su derecho a voto, sin distinción de sexo, teniendo el mismo valor el de la mujer que el del hombre, el del jornalero que el del hacendado, el del funcionario que el del autónomo, etc., aplicando sólo la restricción legal establecida en función de la edad.

Sin embargo, la normalidad con la que se desarrolló el proceso electoral no debe restarle importancia a este extraordinario acontecimiento. Todo lo contrario, pues hemos de valorar y defender la capacidad legal (el derecho, y también el deber) que tenemos de elegir a nuestros representantes en el Municipio, en la Comunidad Autonómica, en el Estado o en Europa.

Y mucha suerte tenemos con ello, circunstancia de la que no pudieron disfrutar nuestros antepasados, pues el logro del derecho al sufragio universal masculino no se consiguió hasta las elecciones municipales de 1891, salvo los cortos paréntesis en que estuvo en vigor la Constitución de 1812. Más se tardó en reconocerle este derecho a la mujer, que no fue hasta 1931.

Pues bien, pese a la importancia del asunto introducido, al que en otra ocasión se le dará más desarrollo, el que nos ocupa en esta ocasión es el del callejero de Azuaga a finales del XIX. Y lo abordamos ahora porque en uno de los artículo que preceden en este blog (Feria y Fiestas de Azuaga en la antigüedad), como asunto totalmente trasversal colocado en la única nota a pie de página, me pareció oportuno relacionar las calles de Azuaga en 1891, siguiendo lo recogido en las actas capitulares de dicho año. Al parecer, esta relación le interesó a alguno de los usuales lectores, detectándose ciertos errores que, gracias a la colaboración de Mari Justi, la archivera, pudimos subsanar.

Hoy, confirmando y ampliando la relación de calles, adjuntamos un anuncio oficial del Ayuntamiento en el Boletín Oficial de la Provincia de Badajoz, en su edición de 5 de mayo de 1891, haciendo oficial los distritos y colegios electorales para las elecciones municipales de dicho año, recogiendo las distintas calles.

El anuncio se inserta a petición del alcalde accidental, don Manuel del Santo Arévalo.  Lo de accidental viene a cuento de un extraordinario enredo administrativo en el gobierno del municipio, con eco en la Cortes y en la prensa de toda España.

Pues bien, el anuncio decía así:
 
 
 
            Un año después tuvo lugar la elección de compromisarios para el Senado, en la que sólo participaban los miembros del ayuntamiento, más el cuádruplo de vecinos mayores hacendados (según la suma de las contribuciones rústicas, urbanas, pecuarias e industrial), ordenados de mayor a menor. La lista de electores es la que sigue, apareciendo en primer lugar los miembros del ayuntamiento, seguido de los mayores hacendados:


 
 

lunes, 11 de enero de 2016

LA CARTA DE VILLAZGO DE GRANJA DE TORREHERMOSA



I.- ANTECEDENTES

En 1246 Fernando III el Santo donó a la Orden de Santiago la villa, el castillo y las tierras de Reina, quedando bajo la jurisdicción de la encomienda de esta última villa el territorio comprendido en los actuales términos de Ahillones, Azuaga-Cardenchosa, Berlanga, Bienveni­da, Casas de Reina, Fuente del Arco, Granja-Los Rubios, Guadalcanal, Llerena, Magui­lla, Malcocinado, Trasie­rra, Usagre, Valverde y Villagar­cía.

A finales del siglo XIII y a lo largo del XIV tuvo lugar una redistri­bu­ción administrativa del territo­rio señalado, des­doblándose la primiti­va encomien­da de Reina en cinco circunscripciones administrativas:

-         La encabezada por la villa maestral de Llerena, con las aldeas de Cantalga­llo, Maguilla-Hornachuelo, Higuera-Buenavista-Rubiales y Villagar­cía, aunque esta última población pasó en el XV a la casa ducal de Arcos.

-         La Comunidad de Siete Villas de la Encomienda de Reina, con dicha villa y los lugares y términos de Ahillones de Reina-Disantos de Reina, Berlanga, Ca­sas de Reina, Fuente del Arco, Trasierra y Valverde de Reina.

-         La encomienda de Azuaga, integrada por esta villa y las aldeas de la Granja, la Cardenchosa y los Rubios.

-         La encomienda de Guadalcanal, en cuyo término se encontra­ba la aldea de Malcoci­na­do.

-         Y la encomienda de Usagre, en cuyo ámbito de influencia se localizaba Bienveni­da, más tarde (finales del XV) constituida también en encomienda.

Cada una de las villas y lugares citados disponían­ de un reducido término para uso comunal, exclusivo, equitativo y gratuito de sus vecinos (dehesas y ejidos privativos); es decir, usufructuado por el vecindario pero cerrado a forasteros y a sus ganados. Además, a cada circunscripción o encomienda se le asignó una zona de baldíos de carácter supraconcejil, pues sus aprovechamientos (pastos, leña, bellota, caza y abrevaderos) debían ser de uso gratuito y comunal para el conjunto de vecinos de cada una de las circunscripciones citadas. Para mayor complicación administrativa y jurisdiccional, los aprovechamientos de estos baldíos iban más allá de lo considerado, pues también podían ser usufructuados por los vecinos de las circunscripciones limítrofes, aunque la jurisdicción y administración de los mismos quedaba restringido a los oficiales del concejo en cuyo término se encontraba. Es decir, se trataban de baldíos con aprovechamientos interconcejiles, consensuado tras determinadas concordias auspiciadas por la Orden de Santiago.

Para concretar sobre el asunto que nos ocupa, tendríamos que aclarar el significado jurídico de los conceptos de villa, lugar o aldea, ya introducidos al considerar la distribución de circunscripciones surgidas de la primitiva donación de Reina, aquella que en 1246 donó Fernando III a la Orden de Santiago. En su posterior redistribución le atribuimos el carácter de villa a Reina, Azuaga, etc.; lugar a Casas de Reina, Fuente del Arco, Trasierra, etc.; y aldea a la Granja, la Cardenchosa, la Higuera, etc. Pero ¿qué representaba jurídicamente cada uno de estos conceptos? Pues bien, según se entendía entonces, las villas eran aquellos concejos con término propio y deslindado, gobernado por su cabildo municipal y cuyos dos alcaldes ordinarios tenían competencia en la administración de la primera justicia o instancia; es decir, las villas tenían término y jurisdicción. Los lugares también tenían término propio y deslindado, pero carecían de alcaldes ordinarios (tenían alcaldes, pero eran secundarios o pedáneos), administrando la primera justicia los alcaldes de la villa a la que pertenecían. Las aldeas, como la Granja, carecían de término y jurisdicción, siendo simplemente una especie de caseríos, socampanas, barrios o suburbios de una determinada villa, la de Azuaga en nuestro caso.

Por lo tanto, Granja de Torrehermosa hasta 1565 era una aldea de la villa de Azuaga, carecía de término y jurisdicción, por lo que se gobernaba por el cabildo azuagueño. A su vez, la villa y encomienda de Azuaga se encontraba incluida dentro del partido histórico de Llerena, ciudad en la que se centralizaban numerosas administraciones civiles y religiosas. Dicho partido, junto al de Mérida integraban la denominada Provincia de León de la Orden de Santiago, con una superficie de unos 10.000 km2, mayoritariamente ubicados en tierras de la actual Extremadura y en su provincia de Badajoz. La citada provincia santiaguista era sólo una división administrativa dentro de los territorios de Órdenes Militares, pues a efectos fiscales y militares carecía del rango de provincia, quedando incluidos los partidos de Llerena y Mérida, más el de Trujillo (en conjunto aglutinaban lo que hoy es Extremadura, que entonces carecía de identidad administrativa) dentro de la provincia de Salamanca.

II.- FELIPE II CONCEDE EL “PRIVILEGIO” DE VILLAZGO A LA GRANJA EN 1565

Para valorar en su verdadera dimensión el significado de la concesión del privilegio de villazgos es necesario aproximarse a las circunstancias que envolvían al señorío santiaguista y a la monarquía hispánica en los siglos XVI, XVII y XVIII.

            Respecto a la Orden de Santiago, conviene advertir que, una vez muerto en 1493 Alonso de Cárdenas (el último de los maestres santiaguista), los Reyes Católicos asumieron su administración directa. Estos monarcas, aunque se aprovecharon de la institución en lo que estatutariamente les correspondían, respetaron el modelo de gobierno y adminis­tración de la etapa anterior, manteniendo intactas las jurisdic­ciones, el territorio, el modelo administrativo y los privile­gios santia­guistas. Sobre este particular, conviene destacar que ratificaron las concordias celebradas sobre los aprovechamientos de las tierras baldías y el uso colectivo y gratuito de ejidos y dehesas concejiles, todo ello recogidos en los Establecimientos o Leyes santiaguistas ratificados o consensuados bajo su monarquía. Igualmente mantuvieron lo establecido e instituido por la orden de Santiago para el gobierno político de los concejos, siguiendo su administración bajo la dirección más inmediata de los alcaldes ordinarios y regidores, oficiales concejiles directamente tutelados por los gobernadores y alcaldes mayores provinciales, tal como fue acordado a principios del XV por el maestre don Enrique de Aragón.

            Por lo contrario, los Austria, sus sucesores, paulatinamente transformaron las Órdenes en instituciones meramente honoríficas, asimilando los señorío de Órdenes Militares a tierras de cuasi-realengo. Se estima que no existió ningún plan preestable­cido, sino­ el progresivo deterioro financiero de la Hacienda Real y el oportunismo político al que se prestaban los maes­traz­gos recientemente administrados de forma directa por la Corona, en los cuales ensayaron una serie de intervenciones que después se generalizaría en Castilla. Me refiero a la venta y empeño de villas, vasallos, tierras baldías, oficios públicos, etc., incluyendo la venta de villazgos, como a Fuente del Arco en 1561, a Granja en 1565, a Valverde de Reyna en 1589 y, más adelante, a Casas de Reyna en 1639, a Ahillones de Reyna en 1646  o a Trasierra en 1844, por citar algunas de las cartas de villazgos analizadas.

            Como se puede apreciar, la concesión de villazgo no era precisamente una gracia o merced real, sino un negocio más de los muchos que emprendió la monarquía hispana para recaudar fondos con miras a incrementar y mantener su imperio y hegemonía mundial, circunstancia que además iba acompañada de una presión fiscal cada vez más asfixiante. En otras palabras, a Felipe II le importaban poco los granjeños de la época; es más, dudo que conociera de su existencia, limitándose a firmar y a autorizar su exención jurisdiccional de la villa de Azuaga, cobrando lo que estimó oportuno, que en este caso fueron seis mil quinientos maravedíes por vecino.

            El documento que lo acredita “Privilegio de la Jurisdicción de la villa de la Granja de Torrehermosa” se custodia en su Archivo Municipal, aunque se puede consultar más fácilmente en la Web oficial del Ayuntamiento, según una transcripción de Francisco Prieto Abril realizada en 1966.

            Antes de abordar y analizar su contenido, convendría indicar que la documentación que se conserva en el archivo local es sólo la Carta de Venta, documento que concreta y resumen un largo proceso iniciado con anterioridad. En efecto, para llegar a las consideraciones contenidas en dicha carta de venta debieron mediar ciertas negociaciones, recogidas en un grueso expediente que seguramente se custodia en alguno de los archivos históricos de carácter nacional (Madrid, Simancas, Granada…, con más probabilidad en el de Simancas), y cuya lectura sería de gran utilidad, pues arrojaría mucha información sobre la realidad de Granja y Azuaga en la segunda mitad del XVI.

            En ausencia del referido expediente, pero con la información y extrapolaciones derivadas de la lectura de otros expedientes de villazgo de la zona santiaguista, el asunto de la exención jurisdiccional debió consensuarse entre el vecindario de la aldea, quienes arbitrarían a continuación la forma de recaudar el dinero necesario para obtener la merced real, que no sería otra que la provenida del arrendamiento de las tierras concejiles que les perteneciesen del término de Azuaga tras su segregación. Después nombrarían un procurador para negociar con los funcionarios del Consejo de Órdenes Militares y con los de Hacienda, desde donde enviarían comisarios a Granja y a Azuaga para contar y recontar el vecindario de ambos pueblos, medir la superficie del término de la villa y encomienda de Azuaga y deslindar el que debería adjudicarse a la nueva villa de Granja, pues el valor de la venta de la exención jurisdiccional quedaba en función de ambas circunstancias.

Volviendo al documento, se inicia la carta de venta, o Real Provisión de venta la jurisdicción, en su primer folio con la acreditación de Felipe II, “por la gracia de Dios rey de Castilla, etc.”, incluyendo el resto de sus títulos y créditos.

A continuación se inserta una breve exposición del motivo para despachar esta Real Provisión, que no era otro que el deseo de los granjeños de liberarse de las vejaciones y abusos que sufrían por parte de los alcaldes y oficiales de la villa de Azuaga en la aplicación de la primera justicia. No vamos aquí a discutir sobre la veracidad de esta afirmación, entendiendo que no sería para tanto y que simplemente se incluía para que el monarca se sintiese conmovido (circunstancia  que dudo, pues seguramente ni siquiera se enteró de lo que firmaba, aunque sí de los 8.412 ducados que cobró) y concediese la exención jurisdiccional. En resumen textual suficiente:

…Por cuanto por (parte de vos) justicias Regidores oficiales, hombres buenos de la villa de la Granja, que solía ser tierra y jurisdicción de la villa de Azuaga, de la Orden de Santiago, que de aquí en adelante se ha de llamar e intitular la Granja de Torrehermosa, me fue hecha relación que en la dicha villa hay hasta cuatrocientos ochenta y cuatro vecinos y que los alcaldes de ella no tienen jurisdicción alguna en causas criminales, y en las civiles solamente hasta cien maravedís y que desde la dicha de la Granja hasta la dicha villa de Azuaga hay una legua y más de muy malo y áspero camino y los vecinos de la dicha villa de la Granja, hacen muchas costas y gastos en ir a juicios a la dicha villa de Azuaga y algunas veces los pobres llamados y otras personas dejan de pedirse a su justicia y se defenderá de los que algo les piden y demandan por no poder ir a la dicha villa de Azuaga a seguir los pleitos y causas que suceden, y si van han de dejar de labrar en su heredades y así pierden lo que se les debe y no se defienden de lo que les es pedido ahora, y que por no poder los Alcaldes ordinarios conocer de causas criminales, muchas veces quedan los delitos que acaecen en la dicha villa de la Granja impunes y sin castigo y las partes, quedan danificadas y otras veces por delitos muy pequeños y con poco o ninguna información los alcaldes de la dicha villa de la Granja llevan y envían presos a algunos asesinos de la dicha villa de Granja a la justicia  de la de Azuaga, envían por ellos y lo tienen presos en ellas y demás de esta por estar sujetos a la justicia de esta dicha villa de Azuaga, reciben mucha fatiga y vejaciones…        


Expuesto el motivo, que en general era común para todos aquellos lugares y aldeas que por estas mismas fechas solicitaron la exención jurisdiccional y el título de villa, aparece la súplica, es decir, la petición correspondiente, que de forma resumida decía así:

…Y pedisteis proveyésemos como los dichos daños e inconvenientes cesasen y os hiciésemos merced de eximir y apartar de la jurisdicción de la dicha villa de Azuaga, y os diéramos jurisdicción civil y criminal alta y baja, mero mixto imperio y os hiciéramos villa por vos y sobre vos, y para usar y ejercer la dicha jurisdicción os mandásemos señalar término o como la nuestra merced fuere…
 

El monarca se dio por enterado, autorizando la exención jurisdiccional, pero condicionándolo a percibir los 6.500 maravedíes acordados por cada uno de los 484 vecinos de la Granja, según el recuento del vecindario efectuado por los oficiales comisarios reales en la Granja y en Azuaga. En total, la carta de villazgo les costó a los granjeños unos 8.412 ducados, es decir, 92.530 reales ó 3.146.000 maravedíes.  El texto resumido dice así:

 …y nos acatando algunos buenos servicios que de esa dicha villa vecinos y moradores de ella hemos recibido y esperamos recibir… es nuestra merced y voluntad de eximir y apartar como por la presente eximo y aparto a vos el dicho concejo, justicia, regidores, vecinos y moradores de la dicha villa de la Granja, de la jurisdicción de la dicha villa de Azuaga y de las justicias de ella y quiero que de aquí en adelante os llaméis e intituléis la villa de la Granja de Torrehermosa para que uséis y ejerzáis la nuestra jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio…

Con las insignias de jurisdicción correspondientes:

…y queremos que en esa dicha villa de la Granja de Torrehermosa haya horca, picota, cuchillo, cárcel o cepo y todas las otras insignias y cosas anejas a la jurisdicción que las villas de la Orden de Santiago que son libres y exentas de otra jurisdicción tienen usan y por la forma y manera que la ha ejercido y usado la dicha villa de Azuaga y justicia de ella, en la dicha villa…

 
Y con término propio y segregado del de Azuaga, repartido en proporción al vecindario de ambas poblaciones. A tal efecto, como se comprobó que Azuaga contaba con 1.630 vecinos o unidades familiares y la de Granja con sólo 484 (unos 1.790 habitantes, siendo 3,7 el coeficiente de conversión para esa época de vecinos en habitantes) a esta última población tendría que corresponderle la quinta parte de todo el término, más una séptima parte de otra quinta parte, y la restante a la villa de Azuaga, situación que, intuimos, será la actual.                                                

Termina el documento con la recomendación del monarca a sus sucesores para que respetaran perpetuamente el compromiso contraído con la nueva villa de Granja, firmándolo a continuación:

…os encargamos al Serenísimo Príncipe D. Carlos, nuestro muy claro y muy amado hijo, y mandamos a los infantes prelados, duques, marqueses, condes, ricos hombres y a los del nuestro concejo y oidores de las nuestras Audiencias, Alcaldes y Alguaciles de la nuestra casa y Corte y Cancillerías y a los priores, comendadores y subcomendadores, Alcaldes de los castillos y casas fuertes y llanas y a todos los concejos, gobernadores, asistentes, corregidores, Alcaldes alguaciles, regidores… de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros Reinos… que os guarden y cumplan esta dicha nuestra Carta y exención…, en la villa de Madrid, a tres días del mes de febrero de mil quinientos y sesenta y cinco años. Yo, el Rey…

 

 
BIBLIOGRAFÍA:

A.M. de Granja de Torrehermosa, Privilegio de la Jurisdicción de la villa de la Granja de Torrehermosa.

MALDONADO FERNÁNDEZ, MANUEL:

-         Valverde de Llerena. Siglos XIII al XIX, Sevilla, 1998.

-         “La Comunidad de Siete Villas de la Encomienda de Reina”, en Revista de Estudios Extremeños, T-LVI, nº 3. Badajoz, 2000.

-         “Felipe IV concede el título de villa a las Casas”, en Revista de Fiestas, Casas de Reina, 2002“

-         “La mancomunidad de términos entre las villas de Reina, Casas de Reina, Fuente del Arco y Trasierra: origen y evolución”, en Actas del VIII Congreso de Historia de Extremadura, Badajoz, 2007

-         “Comunidades de pastos entre las encomiendas de Reina y Guadalcanal”, en Revista de Feria y Fiestas, Guadalcanal, 2007

-         “Conflictos por las comunidades de pastos entre la encomienda de Reina y Llerena”, en Revista de Fiestas, Reina 2009.

-         manuelmaldonadofernandez.blogspot.com