jueves, 4 de febrero de 2016

LUCHA CONTRA EL CÁNCER


 
 
¡Hola amig@!

En esta ocasión no voy a contarte ninguna historieta, pues tengo algo más importante que sugerirte.


Hoy, 4 de febrero, se ha convenido en declararlo como Día mundial contra el Cáncer, y la Asociación Española y, otras organizaciones similares, precisan de tu ayuda.




En primer lugar piden que te cuides, vigiles tu salud, sigas las recomendaciones preventivas aconsejadas por los médicos y evites los factores usuales de riesgo.

También, que animes, alivies y comprendas a los que padecemos la enfermedad y sufrimos los molestos efectos secundarios de los tratamientos.

Por último, que colabores con estas asociaciones en sus distintos requerimientos.

De paso, te cuento que precisamente hoy hace un año que extirparon el lóbulo superior izquierdo de mis pulmones. Gracias a Dios, la Naturaleza, las Ciencias, la Tecnología, los médicos, el personal sanitario, tu ayuda y la de mi familia me encuentro bien, pues de esto se sale.

Gracias 

martes, 26 de enero de 2016

AZUAGA: GUIA ADMINISTRATIVA, COMERCIAL E INDUSTRIAL DE 1882


 
      Del anuario del comercio, la industria, la magistratura y la administración de 1882, tomamos los siguientes datos, en unos momento en los que nuestra villa empezaba a despuntar en el contexto provincial, dado el auge de sus importantes minas y la actividad industrial que generaban:
 
 
 
 

viernes, 15 de enero de 2016

CALLEJERO DE AZUAGA EN 1891


 
El 20 de diciembre último, de buena mañana se levantaron los vecinos de Azuaga para afrontar un nuevo día, en el que concurría la ambigüedad de ser extraordinario y normal. Extraordinario porque habían sido convocados para elegir a sus representantes en las Cortes y en el Senado; y normal porque el proceso transcurrió dentro de los cauces estipulados, sin sobresaltos, como corresponde a una democracia asumida y asentada.

Y todos los vecinos y vecinas pudieron ejercer su derecho a voto, sin distinción de sexo, teniendo el mismo valor el de la mujer que el del hombre, el del jornalero que el del hacendado, el del funcionario que el del autónomo, etc., aplicando sólo la restricción legal establecida en función de la edad.

Sin embargo, la normalidad con la que se desarrolló el proceso electoral no debe restarle importancia a este extraordinario acontecimiento. Todo lo contrario, pues hemos de valorar y defender la capacidad legal (el derecho, y también el deber) que tenemos de elegir a nuestros representantes en el Municipio, en la Comunidad Autonómica, en el Estado o en Europa.

Y mucha suerte tenemos con ello, circunstancia de la que no pudieron disfrutar nuestros antepasados, pues el logro del derecho al sufragio universal masculino no se consiguió hasta las elecciones municipales de 1891, salvo los cortos paréntesis en que estuvo en vigor la Constitución de 1812. Más se tardó en reconocerle este derecho a la mujer, pues no fue hasta 1931.

Pues bien, pese a la importancia del asunto introducido, al que en otra ocasión se le dará más desarrollo, el que nos ocupa en esta ocasión es el del callejero de Azuaga a finales del XIX. Y lo abordamos ahora porque en uno de los artículo que preceden en este blog (Feria y Fiestas de Azuaga en la antigüedad), como asunto totalmente trasversal colocado en la única nota a pie de página, me pareció oportuno relacionar las calles de Azuaga en 1891, siguiendo lo recogido en las actas capitulares de dicho año. Al parecer, esta relación le interesó a alguno de los usuales lectores, detectándose ciertos errores que, gracias a la colaboración de Mari Justi, la archivera, pudimos subsanar.

Hoy, confirmando y ampliando la relación de calles, adjuntamos un anuncio oficial del Ayuntamiento en el Boletín Oficial de la Provincia de Badajoz, en su edición de 5 de mayo de 1891, haciendo oficial los distritos y colegios electorales para las elecciones municipales de dicho año, recogiendo las distintas calles.

El anuncio se inserta a petición del alcalde accidental, don Manuel del Santo Arévalo.  Lo de accidental viene a cuento de un extraordinario enredo administrativo en el gobierno del municipio, con eco en la Cortes y en la prensa de toda España.

Pues bien, el anuncio decía así:
 
 
 

 

 

lunes, 11 de enero de 2016

LA CARTA DE VILLAZGO DE GRANJA DE TORREHERMOSA



I.- ANTECEDENTES

En 1246 Fernando III el Santo donó a la Orden de Santiago la villa, el castillo y las tierras de Reina, quedando bajo la jurisdicción de la encomienda de esta última villa el territorio comprendido en los actuales términos de Ahillones, Azuaga-Cardenchosa, Berlanga, Bienveni­da, Casas de Reina, Fuente del Arco, Granja-Los Rubios, Guadalcanal, Llerena, Magui­lla, Malcocinado, Trasie­rra, Usagre, Valverde y Villagar­cía.

A finales del siglo XIII y a lo largo del XIV tuvo lugar una redistri­bu­ción administrativa del territo­rio señalado, des­doblándose la primiti­va encomien­da de Reina en cinco circunscripciones administrativas:

-         La encabezada por la villa maestral de Llerena, con las aldeas de Cantalga­llo, Maguilla-Hornachuelo, Higuera-Buenavista-Rubiales y Villagar­cía, aunque esta última población pasó en el XV a la casa ducal de Arcos.

-         La Comunidad de Siete Villas de la Encomienda de Reina, con dicha villa y los lugares y términos de Ahillones de Reina-Disantos de Reina, Berlanga, Ca­sas de Reina, Fuente del Arco, Trasierra y Valverde de Reina.

-         La encomienda de Azuaga, integrada por esta villa y las aldeas de la Granja, la Cardenchosa y los Rubios.

-         La encomienda de Guadalcanal, en cuyo término se encontra­ba la aldea de Malcoci­na­do.

-         Y la encomienda de Usagre, en cuyo ámbito de influencia se localizaba Bienveni­da, más tarde (finales del XV) constituida también en encomienda.

Cada una de las villas y lugares citados disponían­ de un reducido término para uso comunal, exclusivo, equitativo y gratuito de sus vecinos (dehesas y ejidos privativos); es decir, usufructuado por el vecindario pero cerrado a forasteros y a sus ganados. Además, a cada circunscripción o encomienda se le asignó una zona de baldíos de carácter supraconcejil, pues sus aprovechamientos (pastos, leña, bellota, caza y abrevaderos) debían ser de uso gratuito y comunal para el conjunto de vecinos de cada una de las circunscripciones citadas. Para mayor complicación administrativa y jurisdiccional, los aprovechamientos de estos baldíos iban más allá de lo considerado, pues también podían ser usufructuados por los vecinos de las circunscripciones limítrofes, aunque la jurisdicción y administración de los mismos quedaba restringido a los oficiales del concejo en cuyo término se encontraba. Es decir, se trataban de baldíos con aprovechamientos interconcejiles, consensuado tras determinadas concordias auspiciadas por la Orden de Santiago.

Para concretar sobre el asunto que nos ocupa, tendríamos que aclarar el significado jurídico de los conceptos de villa, lugar o aldea, ya introducidos al considerar la distribución de circunscripciones surgidas de la primitiva donación de Reina, aquella que en 1246 donó Fernando III a la Orden de Santiago. En su posterior redistribución le atribuimos el carácter de villa a Reina, Azuaga, etc.; lugar a Casas de Reina, Fuente del Arco, Trasierra, etc.; y aldea a la Granja, la Cardenchosa, la Higuera, etc. Pero ¿qué representaba jurídicamente cada uno de estos conceptos? Pues bien, según se entendía entonces, las villas eran aquellos concejos con término propio y deslindado, gobernado por su cabildo municipal y cuyos dos alcaldes ordinarios tenían competencia en la administración de la primera justicia o instancia; es decir, las villas tenían término y jurisdicción. Los lugares también tenían término propio y deslindado, pero carecían de alcaldes ordinarios (tenían alcaldes, pero eran secundarios o pedáneos), administrando la primera justicia los alcaldes de la villa a la que pertenecían. Las aldeas, como la Granja, carecían de término y jurisdicción, siendo simplemente una especie de caseríos, socampanas, barrios o suburbios de una determinada villa, la de Azuaga en nuestro caso.

Por lo tanto, Granja de Torrehermosa hasta 1565 era una aldea de la villa de Azuaga, carecía de término y jurisdicción, por lo que se gobernaba por el cabildo azuagueño. A su vez, la villa y encomienda de Azuaga se encontraba incluida dentro del partido histórico de Llerena, ciudad en la que se centralizaban numerosas administraciones civiles y religiosas. Dicho partido, junto al de Mérida integraban la denominada Provincia de León de la Orden de Santiago, con una superficie de unos 10.000 km2, mayoritariamente ubicados en tierras de la actual Extremadura y en su provincia de Badajoz. La citada provincia santiaguista era sólo una división administrativa dentro de los territorios de Órdenes Militares, pues a efectos fiscales y militares carecía del rango de provincia, quedando incluidos los partidos de Llerena y Mérida, más el de Trujillo (en conjunto aglutinaban lo que hoy es Extremadura, que entonces carecía de identidad administrativa) dentro de la provincia de Salamanca.

II.- FELIPE II CONCEDE EL “PRIVILEGIO” DE VILLAZGO A LA GRANJA EN 1565

Para valorar en su verdadera dimensión el significado de la concesión del privilegio de villazgos es necesario aproximarse a las circunstancias que envolvían al señorío santiaguista y a la monarquía hispánica en los siglos XVI, XVII y XVIII.

            Respecto a la Orden de Santiago, conviene advertir que, una vez muerto en 1493 Alonso de Cárdenas (el último de los maestres santiaguista), los Reyes Católicos asumieron su administración directa. Estos monarcas, aunque se aprovecharon de la institución en lo que estatutariamente les correspondían, respetaron el modelo de gobierno y adminis­tración de la etapa anterior, manteniendo intactas las jurisdic­ciones, el territorio, el modelo administrativo y los privile­gios santia­guistas. Sobre este particular, conviene destacar que ratificaron las concordias celebradas sobre los aprovechamientos de las tierras baldías y el uso colectivo y gratuito de ejidos y dehesas concejiles, todo ello recogidos en los Establecimientos o Leyes santiaguistas ratificados o consensuados bajo su monarquía. Igualmente mantuvieron lo establecido e instituido por la orden de Santiago para el gobierno político de los concejos, siguiendo su administración bajo la dirección más inmediata de los alcaldes ordinarios y regidores, oficiales concejiles directamente tutelados por los gobernadores y alcaldes mayores provinciales, tal como fue acordado a principios del XV por el maestre don Enrique de Aragón.

            Por lo contrario, los Austria, sus sucesores, paulatinamente transformaron las Órdenes en instituciones meramente honoríficas, asimilando los señorío de Órdenes Militares a tierras de cuasi-realengo. Se estima que no existió ningún plan preestable­cido, sino­ el progresivo deterioro financiero de la Hacienda Real y el oportunismo político al que se prestaban los maes­traz­gos recientemente administrados de forma directa por la Corona, en los cuales ensayaron una serie de intervenciones que después se generalizaría en Castilla. Me refiero a la venta y empeño de villas, vasallos, tierras baldías, oficios públicos, etc., incluyendo la venta de villazgos, como a Fuente del Arco en 1561, a Granja en 1565, a Valverde de Reyna en 1589 y, más adelante, a Casas de Reyna en 1639, a Ahillones de Reyna en 1646  o a Trasierra en 1844, por citar algunas de las cartas de villazgos analizadas.

            Como se puede apreciar, la concesión de villazgo no era precisamente una gracia o merced real, sino un negocio más de los muchos que emprendió la monarquía hispana para recaudar fondos con miras a incrementar y mantener su imperio y hegemonía mundial, circunstancia que además iba acompañada de una presión fiscal cada vez más asfixiante. En otras palabras, a Felipe II le importaban poco los granjeños de la época; es más, dudo que conociera de su existencia, limitándose a firmar y a autorizar su exención jurisdiccional de la villa de Azuaga, cobrando lo que estimó oportuno, que en este caso fueron seis mil quinientos maravedíes por vecino.

            El documento que lo acredita “Privilegio de la Jurisdicción de la villa de la Granja de Torrehermosa” se custodia en su Archivo Municipal, aunque se puede consultar más fácilmente en la Web oficial del Ayuntamiento, según una transcripción de Francisco Prieto Abril realizada en 1966.

            Antes de abordar y analizar su contenido, convendría indicar que la documentación que se conserva en el archivo local es sólo la Carta de Venta, documento que concreta y resumen un largo proceso iniciado con anterioridad. En efecto, para llegar a las consideraciones contenidas en dicha carta de venta debieron mediar ciertas negociaciones, recogidas en un grueso expediente que seguramente se custodia en alguno de los archivos históricos de carácter nacional (Madrid, Simancas, Granada…, con más probabilidad en el de Simancas), y cuya lectura sería de gran utilidad, pues arrojaría mucha información sobre la realidad de Granja y Azuaga en la segunda mitad del XVI.

            En ausencia del referido expediente, pero con la información y extrapolaciones derivadas de la lectura de otros expedientes de villazgo de la zona santiaguista, el asunto de la exención jurisdiccional debió consensuarse entre el vecindario de la aldea, quienes arbitrarían a continuación la forma de recaudar el dinero necesario para obtener la merced real, que no sería otra que la provenida del arrendamiento de las tierras concejiles que les perteneciesen del término de Azuaga tras su segregación. Después nombrarían un procurador para negociar con los funcionarios del Consejo de Órdenes Militares y con los de Hacienda, desde donde enviarían comisarios a Granja y a Azuaga para contar y recontar el vecindario de ambos pueblos, medir la superficie del término de la villa y encomienda de Azuaga y deslindar el que debería adjudicarse a la nueva villa de Granja, pues el valor de la venta de la exención jurisdiccional quedaba en función de ambas circunstancias.

Volviendo al documento, se inicia la carta de venta, o Real Provisión de venta la jurisdicción, en su primer folio con la acreditación de Felipe II, “por la gracia de Dios rey de Castilla, etc.”, incluyendo el resto de sus títulos y créditos.

A continuación se inserta una breve exposición del motivo para despachar esta Real Provisión, que no era otro que el deseo de los granjeños de liberarse de las vejaciones y abusos que sufrían por parte de los alcaldes y oficiales de la villa de Azuaga en la aplicación de la primera justicia. No vamos aquí a discutir sobre la veracidad de esta afirmación, entendiendo que no sería para tanto y que simplemente se incluía para que el monarca se sintiese conmovido (circunstancia  que dudo, pues seguramente ni siquiera se enteró de lo que firmaba, aunque sí de los 8.412 ducados que cobró) y concediese la exención jurisdiccional. En resumen textual suficiente:

…Por cuanto por (parte de vos) justicias Regidores oficiales, hombres buenos de la villa de la Granja, que solía ser tierra y jurisdicción de la villa de Azuaga, de la Orden de Santiago, que de aquí en adelante se ha de llamar e intitular la Granja de Torrehermosa, me fue hecha relación que en la dicha villa hay hasta cuatrocientos ochenta y cuatro vecinos y que los alcaldes de ella no tienen jurisdicción alguna en causas criminales, y en las civiles solamente hasta cien maravedís y que desde la dicha de la Granja hasta la dicha villa de Azuaga hay una legua y más de muy malo y áspero camino y los vecinos de la dicha villa de la Granja, hacen muchas costas y gastos en ir a juicios a la dicha villa de Azuaga y algunas veces los pobres llamados y otras personas dejan de pedirse a su justicia y se defenderá de los que algo les piden y demandan por no poder ir a la dicha villa de Azuaga a seguir los pleitos y causas que suceden, y si van han de dejar de labrar en su heredades y así pierden lo que se les debe y no se defienden de lo que les es pedido ahora, y que por no poder los Alcaldes ordinarios conocer de causas criminales, muchas veces quedan los delitos que acaecen en la dicha villa de la Granja impunes y sin castigo y las partes, quedan danificadas y otras veces por delitos muy pequeños y con poco o ninguna información los alcaldes de la dicha villa de la Granja llevan y envían presos a algunos asesinos de la dicha villa de Granja a la justicia  de la de Azuaga, envían por ellos y lo tienen presos en ellas y demás de esta por estar sujetos a la justicia de esta dicha villa de Azuaga, reciben mucha fatiga y vejaciones…        


Expuesto el motivo, que en general era común para todos aquellos lugares y aldeas que por estas mismas fechas solicitaron la exención jurisdiccional y el título de villa, aparece la súplica, es decir, la petición correspondiente, que de forma resumida decía así:

…Y pedisteis proveyésemos como los dichos daños e inconvenientes cesasen y os hiciésemos merced de eximir y apartar de la jurisdicción de la dicha villa de Azuaga, y os diéramos jurisdicción civil y criminal alta y baja, mero mixto imperio y os hiciéramos villa por vos y sobre vos, y para usar y ejercer la dicha jurisdicción os mandásemos señalar término o como la nuestra merced fuere…
 

El monarca se dio por enterado, autorizando la exención jurisdiccional, pero condicionándolo a percibir los 6.500 maravedíes acordados por cada uno de los 484 vecinos de la Granja, según el recuento del vecindario efectuado por los oficiales comisarios reales en la Granja y en Azuaga. En total, la carta de villazgo les costó a los granjeños unos 8.412 ducados, es decir, 92.530 reales ó 3.146.000 maravedíes.  El texto resumido dice así:

 …y nos acatando algunos buenos servicios que de esa dicha villa vecinos y moradores de ella hemos recibido y esperamos recibir… es nuestra merced y voluntad de eximir y apartar como por la presente eximo y aparto a vos el dicho concejo, justicia, regidores, vecinos y moradores de la dicha villa de la Granja, de la jurisdicción de la dicha villa de Azuaga y de las justicias de ella y quiero que de aquí en adelante os llaméis e intituléis la villa de la Granja de Torrehermosa para que uséis y ejerzáis la nuestra jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio…

Con las insignias de jurisdicción correspondientes:

…y queremos que en esa dicha villa de la Granja de Torrehermosa haya horca, picota, cuchillo, cárcel o cepo y todas las otras insignias y cosas anejas a la jurisdicción que las villas de la Orden de Santiago que son libres y exentas de otra jurisdicción tienen usan y por la forma y manera que la ha ejercido y usado la dicha villa de Azuaga y justicia de ella, en la dicha villa…

 
Y con término propio y segregado del de Azuaga, repartido en proporción al vecindario de ambas poblaciones. A tal efecto, como se comprobó que Azuaga contaba con 1.630 vecinos o unidades familiares y la de Granja con sólo 484 (unos 1.790 habitantes, siendo 3,7 el coeficiente de conversión para esa época de vecinos en habitantes) a esta última población tendría que corresponderle la quinta parte de todo el término, más una séptima parte de otra quinta parte, y la restante a la villa de Azuaga, situación que, intuimos, será la actual.                                                

Termina el documento con la recomendación del monarca a sus sucesores para que respetaran perpetuamente el compromiso contraído con la nueva villa de Granja, firmándolo a continuación:

…os encargamos al Serenísimo Príncipe D. Carlos, nuestro muy claro y muy amado hijo, y mandamos a los infantes prelados, duques, marqueses, condes, ricos hombres y a los del nuestro concejo y oidores de las nuestras Audiencias, Alcaldes y Alguaciles de la nuestra casa y Corte y Cancillerías y a los priores, comendadores y subcomendadores, Alcaldes de los castillos y casas fuertes y llanas y a todos los concejos, gobernadores, asistentes, corregidores, Alcaldes alguaciles, regidores… de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros Reinos… que os guarden y cumplan esta dicha nuestra Carta y exención…, en la villa de Madrid, a tres días del mes de febrero de mil quinientos y sesenta y cinco años. Yo, el Rey…

 

 
BIBLIOGRAFÍA:

A.M. de Granja de Torrehermosa, Privilegio de la Jurisdicción de la villa de la Granja de Torrehermosa.

MALDONADO FERNÁNDEZ, MANUEL:

-         Valverde de Llerena. Siglos XIII al XIX, Sevilla, 1998.

-         “La Comunidad de Siete Villas de la Encomienda de Reina”, en Revista de Estudios Extremeños, T-LVI, nº 3. Badajoz, 2000.

-         “Felipe IV concede el título de villa a las Casas”, en Revista de Fiestas, Casas de Reina, 2002“

-         “La mancomunidad de términos entre las villas de Reina, Casas de Reina, Fuente del Arco y Trasierra: origen y evolución”, en Actas del VIII Congreso de Historia de Extremadura, Badajoz, 2007

-         “Comunidades de pastos entre las encomiendas de Reina y Guadalcanal”, en Revista de Feria y Fiestas, Guadalcanal, 2007

-         “Conflictos por las comunidades de pastos entre la encomienda de Reina y Llerena”, en Revista de Fiestas, Reina 2009.

-         manuelmaldonadofernandez.blogspot.com

 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

FERIA Y FIESTAS DE AZUAGA EN LA ANTIGÜEDAD


 

No quería dejar que transcurriera el año jubilar sin implicarme  en esta importante efeméride. Y en ello estaba, cuando el amigo Manolo Martínez Gala me sorprende con un regalo, el magnífico libro de don Vicente Sánchez Ramos “Stmo. Cristo del Humilladero de Azuaga. 400 años de sentimiento popular (1615-2015)”, presentado el 6 de diciembre último.

Felicitamos a don Vicente por esta importante aportación en pro de la cultura popular azuagueña, esperando que su esfuerzo sirva de ejemplo para otros interesados por el desprendido afán investigador de la intrahistoria. También le agrademos este regalo navideño, que leeremos con avidez.

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            (Fotografía tomada de la obra de don Vicente, pág. 81)_____________

Azuaga, como pueblo prestigioso dentro del contexto de la antigua Provincia de León de la Orden de Santiago en Extremadura, nunca tuvo una feria o mercado destacable durante el Antiguo Régimen (desde el reinado de los Reyes Católico hasta la muerte en 1833 de Fernando VII), especialmente si tomamos como referencia la importante feria comarcal de Guaditoca (Guadalcanal), celebrada durante la Pascua de Pentecostés en los alrededores de la ermita de su nombre (Maldonado Fernández, M. “La feria de Guaditoca”, en Actas de Congreso Internacional 550 Feria de San Miguel, Zafra, 2004), y las de San Juan y San Miguel, estas dos últimas celebradas en Zafra, centro administrativo del vecino territorio del señorío y ducado de Feria.

No existieron por estos alrededores otros eventos feriales destacables distintos a los citados. Aquí en Azuaga se celebraba desde principios del XVII algo parecido a una feria, sin autorización real expresa, durante los días festivos señalados en honor del Santísimo Cristo del Humilladero, que desde la segunda década del XVII se conmemoraba el 16 de junio de cada año, fecha del primero de los milagros de tan santa imagen. Desde entonces, en dicho día tenía lugar un importante mercado, destinando el cabildo concejil las alcabalas recaudadas por las distintas transacciones comerciales para fomentar el culto al Santísimo Cristo, o para colaborar en las continuas obras de remodelación y ampliación de la fábrica de su significativo templo.

Esta costumbre ancestral, de la que los capitulares de 1776 manifestaban desconocer su origen, fue entonces contestada enérgicamente por uno de los regidores, don Juan Perozo, en la sesión capitular convocada para el 15 de junio del citado año (Archivo Municipal de Azuaga, Sec. Actas Capitulares, leg 35, fotograma 801 de la edición digital). Se quejaba el tal Perozo de que el mayordomo del Santísimo Cristo del Humilladero cobrara las citadas alcabalas, costumbre que redundaba en perjuicio de los contribuyentes, que debían compensarla aportando mayor cantidad de impuestos. Tuvo como respuesta la negativa del resto de los capitulares, manifestando que la costumbre se seguía:

…atendiendo a la antigua posesión en que dicho Divino Señor se halla, ygnorando la razón o motivo que a este vecindario asistió para zeder este derecho a favor de su favor, e igualmente (desconocían) por qué tiempo fue dicha zesión para cuya execución se promete se celebraría cabildo avierto, el que para su rebocación es indispensable individual instrucción para resolver, máxime quando la instancia no viene documentada...

Por ello, en contra de la airada y aislada pretensión del regidor Perozo, los otros ediles acordaron:

…que en calidad de por ahora, y hasta la ventilación deste particular, subsista dicho maiordomo en la posesión que se halla de cobrar dicha alcavala y, más bien informados dichos señores, resolverán o consultarán a tribunales competentes la duda que se les ofrezca, documentándola en forma…

Con independencia del asunto alcabalatorio, coincidiendo con los días festivos señalados en honor del Santísimo Cristo solían celebrarse ciertos festejos taurinos, generalmente reducidos a la suelta y encierro de reses bravas, aunque en algunas ocasiones, cuando se trataba de hacer caja con alguna finalidad, se acostumbraba a lidiar alguna res al estilo de la época. La primera noticias que hemos recogido al respecto la encontramos en el acta de la sesión capitular correspondiente al 11 de junio de 1620 (leg. 5 fot. 62 de la edición digital), en cuyo desarrollo los capitulares tomaron el acuerdo de que, para regocijo de la villa y sus vecinos, se lidien toros el sábado venidero (…) con cargo a los bienes del concejo, que montará las barreras…

        Estos festejos en honor del Santísimo Cristo fueron habituales durante el XVII. Así, como ejemplo más explícito, en la sesión capitular del 12 de junio de 1672 (leg.9, fot. 465), los capitulares abordaron el asunto de la fiesta en honor del Santísimo Cristo, acordando celebrarla con corridas de toros, danzas y comedias:

…que por quanto esta villa y sus vecinos celebran la fiesta del Santo Cristo del umilladero della con toros, danças y comedias para honrra y gloria de Dios Ntro. Sr., y en continuación de lo que esta villa acostumbra pasar  de limosna de hacer las barreras y dar sogas para ello, asistiéndole el alguacil mayor de la villa, a quien se le da comisión en forma para que pueda sacar de qualesquier vecino la madera necesaria y para que ajuste con los alarifes y personas que las an de hacer (…) y para que se despache mandamiento para los vaqueros en la manera que se acostumbra , y se les da licencia para que por seis días tener las vacadas en las dehesas viexa y nueva y coto de Matachel (…) y atento que en algunas ocasiones se an desgraciado algunas reses por los malos tratamientos así en la plaça como en los campos y daños en sementeras de los ganados que salen de los encierros, acuerda esta villa que lo uno y lo otro se pague y satisfaga de sus vienes y rentas (…) y porque don Alonso Damián, vecino de la villa de Guadalcanal da para dicha fiesta seis capones y cabestros para encerrar a los dichos toros, esta villa le da licencia para que entre con su ganado vacuno en el término desta villa…

Aparte de la festividad del Santísimo Cristo, esporádicamente existían otras celebradas con festejos taurinos. Así, hemos localizado corridas en las funciones  dedicada en honor de la Virgen del Carmen, de Ntra. Sra. de la Merced, de las Ánimas Benditas del Purgatorio o de la Santa Cruz. Por ejemplo, según refiere Vicente Sánchez Ramos (op. cit. pág. 70), en el cabildo celebrado el 4 de mayo de 1640 (leg. 6, fot. 60), los oficiales allí presente:

…dijeron que por quanto  esta villa y sus vecinos siempre an tenido particular devoción a la fiesta de la Santa Cruz deste presente mes que es quando cae su celebración (…) y porque Fernando de Caja Paniagua, natural desta villa de su voluntad (…) da un toro para la obra de la yglesia del santísimo cristo del humilladero que está en su hermita extramuros desta villa, para que su divina magestad dé lo que más convenga a esta dicha villa, como después lo a mostrado con grandiosos milagros que a hecho; y porque no es justo se pierda tan buena obra antes para que vayan en aumento como es razón, acordaron y mandaron que aya en esta villa fiesta de regoçijos de toros el lunes venidero que se contarán siete deste dicho mes y año, los quales se an de correr en la plaça vieja desta villa, para lo qual se hagan a costa del concejo las barreras y andamios que fueren menester para los oficiales deste ayuntamiento y demás personas de obligación y en esto se gaste lo necesario; y se traygan los capones, bacas y ganado bravío que fueren menester para el encierro de dicho toro y fiesta…

        También con fines recaudatorios se celebró otro festejo taurino en  honor de Ntra. Sra. de la Merced, redentora de cautivos, donando los vecinos un toro para lidiarlo el 9 de agosto inmediato, comprometiendo las ganancias y limosnas recogidas con la finalidad de confeccionar un vestido para la citada imagen. Con este objetivo, los promotores se personaron en el cabildo convocado el 3 de agosto de 1670, donde, tras argumentar su petición, los capitulares allí reunidos acordando colaborar con el montaje de las barreras en los sitios acostumbrados (leg. 9, fot. 195).

Días después, en la sesión celebrada el 16 de septiembre de 1670 (leg. 9, fot. 202) se presentaron varios mozos pidiendo autorización para correr un toro el día 20 de dicho mes, destinando la venta de su carne en beneficio de la obra pía de las Ánimas Benditas. También solicitaron que el concejo levantara las barreras y andamios (gradas) a su costa, así como que dispusiese las medidas oportunas para que el vaquero del concejo acudiera al encierro con el ganado bravío de la vacada concejil.

Los Borbón de la dinastía reinante en la España del XVIII no llegaron a entender el arraigo popular de los festejos taurinos, dificultando en lo que pudieron sus manifestaciones, sin llegar a prohibirlas totalmente. Esta circunstancia tuvo repercusión en Azuaga, donde los festejos taurinos cada vez eran menos frecuentes. Así, hasta 1729 no hemos encontrado recogido en las actas capitulares la celebración de un evento de esta naturaleza. En concreto, nos referimos al cabido celebrado el 3 de septiembre de 1729 (leg. 23, fot. 544), dónde se personaron varios mozos pertenecientes a la cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio, pidiendo licencia para celebrar los días 15 y 16 de mes en curso dos corridas de toros en beneficio de la citada cofradía, en este caso destinando la limosna recogida para pagar parte del recién estrenado retablo. El cabildo accedió a los solicitado, colaborando con la instalación de las barreras precisas en la plaza vieja y calle aledaña, así como dando las órdenes precisas para traer de la vacada del concejo los capones, bacas y ganado bravío que fueren menester para los encierros.

En el acta de la sesión celebrada el 10 de junio de 1745 (leg. 32, fot. 117) se recoge información sobre otro espectáculo de esta naturaleza, dando licencia al mayordomo de la cofradía del Santísimo Cristo para celebrar corridas de toros en sus inmediatas fiestas, cuyos beneficios se destinarían para los festejos de la sagrada imagen, habilitando con barreras la calle Llana y nombrando la comisión de festejos correspondiente.

Ya durante el nuevo régimen (a partir de la muerte de Fernando VII en 1833), las ferias adquirieron un extraordinario desarrollo en el contexto nacional, celebrándose con el imprescindible requisito de la autorización real. Y éste fue el caso de Azuaga, que la obtuvo en 1842, aunque por ahora no hemos podido acceder al documento que acredite tal privilegio. Sobre este particular, en el Libro de Actas Capitulares de 1842, en concreto la que recoge el pleno celebrado el 3 de septiembre del citado año (leg. 40, fot. 119), en el punto primero del orden del día se dio cuenta de la disposición tomada por S. A., el Regente del Reino (el general Espartero, duque de la Victoria, regente del reino durante parte de la minoría de edad de Isabel II), autorizando a la villa de Azuaga a celebrar feria los días 6, 7 y 8 de septiembre de cada año.

        La noticia fue recogida en la prensa de la época. En concreto, el Eco del Comercio, diario de Madrid, en su edición del 28 de Agosto de 1842 insertó la siguiente nota informativa:

Por resolución de 25 del corriente ha tenido é bien S. A. el regente del reino conceder a la villa de Azuaga, provincia de Badajoz, el permiso de celebrar una feria anual en los días 6, 7 y 8 del mes de setiembre.

        En años sucesivos, según hemos podido recoger del BOP de Badajoz, se publicitaba la feria azuagueña con anuncios como éste de 1844:

En los días 6, 7 y 8 de septiembre próximo se celebra en esta villa una feria libre de alcabalas y derechos. La población ofrece a los concurrentes toda clase de comodidades, buenas posadas y comestibles; y para los ganados de todas clases hay agua suficiente y pastos abundantes Y salidas en sus ventas por la situación del pueblo limítrofe a las Andalucías.
Lo que se anuncia al público para su conocimiento.
Azuaga, 11 de Agosto de 1844.
El presidente del Ayuntamiento, Francisco Ayala y Lobo.
Juan José Izquierdo, secretario.
 

Desde finales del XIX encontramos en la prensa de la época frecuentes referencias sobre la feria azuagueña, que confirman su celebración anual con normalidad. Por lo contrario, escasas son las alusiones recogidas en las actas capitulares, seguramente porque estas cuestiones se consideraban de menor importancia. No obstante, en la sesión de cabildo correspondiente al 4 de junio del 1893 (leg. 50, fot. 638) encontramos una de las pocas alusiones; se refiere a la organización del evento, acordando los ediles que las cantinas feriales no se situasen en la calle de la Merced, sino en la feria:

…o sea, en la Plaza del Cristo, o en otras casas a la salida de la calle de las Carrera o la Macarena (…) y que no se permita establecer en la vía pública durante la feria cantinas o puestos para la venta de bebidas alcohólicas; y que las buñolerías, tiendas de juguetes, dulces y demás puestos de feria se establezcan en el sitio en que se celebra esta, o sea, en la plaza del Cristo, como viene siendo desde tiempo inmemorial…

Si nos dejamos guiar por los cronistas de la época, lo menos lucido de la feria eran los festejos taurinos celebrados en el coso levantado a finales del XIX. De la página www.azuaga.es/portal/?D=36  recogemos lo que sigue:

A finales del XIX se construyó en Azuaga una plaza de toros que sustituía a una existente en la zona de "Fundición"; como estaba ejecutada a base de madera y de forma provisional se realizó ésta, a la que ahora nos referimos, excavada en un promontorio. Según apunta José A. Torquemada Daza en un trabajo de investigación sobre el ferrocarril en Azuaga, que recoge la revista Feria y fiestas Azuaga 99, existió cierta relación entre la construcción de la plaza de toros y la línea de ferrocarril…

Añadimos, que dicha línea se trazó para satisfacer la demanda de la importante cuenca minera de la zona, dándole salida al mineral, y a la significativa metalurgia en ella asentada, hasta Sevilla y los puertos de mar andaluces. Dentro de esta cuenca se localiza Azuaga, como el núcleo más importante de la zona extremeña, circunstancia que propició un importante incremento vecinal y la consecuente construcción de viviendas y ampliación del casco urbano, rotulándose en 1894 las nuevas calles Rey Don Pedro, Hernán Cortés,  Bailén, Espronceda, Colón, Muñoz Torrero, Pizarro, Pelayo, Cervantes y prolongaciones[1].  

Según la página web citada, la plaza de toros se inauguró en mayo de 1894, lidiando el matador Emilio Torres Reina (Bombita) el lote correspondiente, según hemos recogido de la prensa de la época, pues sobre este particular también existe un casi absoluto silencio en las actas capitulares. Así, en el Heraldo de Madrid, edición del  5 de abril 1894 aparece una sucinta nota informativa al respecto: Está terminándose en Azuaga la construcción de una plaza de toros, que inaugurará el diestro Bombita, matando reses de Benjumea, el día 3 del próximo Mayo.

Sin embargo, aunque el asunto no tenga mayor importancia, algo no cuadra en esta información. Entendemos, a la vista de la documentación consultada, que la plaza, seguramente aún por terminar, se estrenó un año antes, como se deduce de la escueta información recogida de la sesión capitular celebrada el 4 de junio de 1893 (leg. 50, fot. 642). Textualmente:

Se dio cuenta del bando publicado por el Sr. Alcalde, reglamentando el buen orden en las funciones de toros de esta villa, y el Ayuntamiento le prestó su unánime aprobación.

        La prensa de la época así lo confirma.  En la revista El Toreo, edición del 2 de mayo de 1893, se anunciaba: Mañana tendrá lugar la inauguración de la nueva plaza de Azuaga con una corrida de novillos, en la que estoqueará Manuel Calleja (Colorín). La otra importante revista taurina de la época, El Enano (edición del primero de mayo de 1893), corrobora la noticia anterior: Mañana inaugurará la plaza de Azuaga el diestro Manuel Calleja (Colorín).

        En cualquier caso, la plaza de toros azuagueña fue testigo de numerosos festejos taurinos, hasta su decaimiento en las postrimerías de la tristísima Guerra Civil, que entró en franca decadencia.


Sobre los festejos taurinos celebrados a principios del siglo XX, encontramos reiteradas noticias consultando la prensa de la época.  Así, de la revista especializada La Fiesta Nacional, en su edición del 19 de julio, recogemos la siguiente crónica taurina:

Azuaga, 29 de junio de 1907.
Con  un lleno completo se lidiaron en esta plaza tres novillos-toros de ganadería anónima por los diestros Manuel García (Redondo) y el negro Pedro Pérez (Facultades).
El ganado: en cuanto a la bravura delataron la economía de la empresa pues los tres fueron mansos.
Redondo, ni con el capote, ni con la muleta, ni con el pincho pudo este diestro agradar, pues a su primero después de una faena desastrosa y varios pinchazos a la media vuelta al escuchar el tercer aviso lo descabelló desde un burladero entre la protesta del público, y su segundo a petición general lo mató Facultades
Facultades al segundo de la tarde lo pasaportó después de una breve faena de muleta de tres medias en su sitio y una entera; del segundo se deshizo de dos pinchazos y una media en los mismos rubios.

Las corridas de toros no fueron precisamente lo más destacado de la feria, dado el escaso oficio de los toreros que solían contratarse. Como muestra, lean la crónica que el corresponsal local insertó en La Región Extremeña, edición del jueves 15 de septiembre de 1910:
 

La feria de 1914 fue bastante accidentada. En La Región Extremeña, edición del 18 de agosto de 1914, aparece el informe que el alcalde azuagueño dirigido al Sr. Gobernador, relatando los hechos acontecidos:


 

Según El Correo de la Mañana, edición del 11 de  1915, menos accidentada resultó la feria de dicho año, que se celebró siguiendo el siguiente programa:
 


        Y bajo esta tónica discurrieron los festejos feriales azuagueños hasta la Guerra Civil, destacando la aparición de dos importantes artistas locales en los prolegómenos de tan triste acontecimiento bélico, el más desafortunado de la trascendental Historia de España. Nos referimos a diestra local, Angelita Álamo, y al dúo de cantaores, hermanos Alejandre, Niños de Azuaga.

La primera y única noticia recogida sobre Angelita la encontramos en El Radical, edición del 26 de junio de 1934:


        Los Niños de Azuaga eran asiduos participantes en los más importantes festivales de la zona, detectando su presencia en las ferias de Azuaga, Almendralejos, Llerena, Mérida, Zafra…

 




[1] En la sesión capitular del 5 de abril de 1891(Leg.  fot.151) trataron sobre las próximas elecciones municipales, distribuyendo el pueblo en los tres distritos habituales. A saber:
-      El primero: plaza del Cristo, San Isidro, del Robledo, Humilladero, Carrera, Méndez Núñez, Extramuros, Sol, Recreo, San Gil, Lepanto, Santana, y Egido;
-      El segundo: La Merced, Cerro Alto, Cerro Bajo, Jabonería, Llana, Espirilla, Calleja de Ponce, Juan Ortiz, Nueva, Naranjos, Pilar, Barrito, Bonete, Fuentes, Mesones, Rastro, Sevilla, Coriana, y Cardenchosa.
-      Tercer distrito: Santiago, Ventilla, Cuatro Esquinas, Trajano, Laguna, Alconchel, San Blas, Iglesia, Carmen, Pizarra, Viriato, Retamalejo, San Pedro, Cañuelo, Larga, Pozo Santo, Córdoba y Olleros.